Con el crecimiento de las empresas la administración se hizo más complicada, cobrando mayor importancia la comprobación y el control interno. De aquí que los administradores sintieran la necesidad de llevar a cabo modificaciones en sus procesos, aboliendo los antiguos métodos y rutinas anticuadas que resultan impropios en la actualidad.
Al mismo tiempo que el desarrollo de
las empresas crecía, también aumentaba el número de problemas y las empresas y
organizaciones se vieron en la necesidad de afrontar una serie de dificultades
que requería tomar decisiones. Tales circunstancias
exigían una observación cuidadosa, una esmerada comprobación y un estudio
minucioso de la realidad de las empresas, pues saben que la esencia misma del
crecimiento está en terminar con los viejos sistemas de actuar y en la
implantación de nuevas tecnologías.
Son numerosos los administradores que
saben bien cuál es el valor que tiene el contar con información confiable y
actualizada en la toma de importantes decisiones, de ahí
la importancia de contar con una buena auditoria, que nos permitirá
cerciorarnos de la precisión y confiabilidad de la información contable y buscar
la realidad económica de un determinado patrimonio” El objetivo es llegar a una
administración más eficaz de la empresa y a un mejoramiento constante.
Dicha práctica suele ser ejecutada
por Auditores y data de finales del siglo XVIII, aunque comenzó a ser más
utilizada con la aparición de las grandes empresas. La tarea del Auditor es
analizar la exactitud y veracidad de los registros mostrados por una empresa, a
fin de corregir errores, irregularidades y evitar de forma estructurada la
afectación en el patrimonio de las empresas y organización por medio de
fraudes.
Una Auditoría basa su funcionamiento en la Contabilidad,
pero sus objetivos son más amplios: emitir una opinión acerca de la marcha de
la empresa, evaluar sus metas, examinar su gestión y actores, efectuar un posterior
seguimiento de las recomendaciones.

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